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Historia (Colombia)
Historia

El año 2001 el sello editorial Herder cumplió 200 años

El año 2001 la editoral Herder celebró el 200 aniversario de la fundación del sello editorial que nació con la sede principal, fundada en 1801 a orillas del lago de Constanza y ubicada desde 1808 en Friburgo (Brisgovia).

Ya desde 1925 la editorial Herder tuvo una presencia en países de habla hispana, concretamente en Barcelona. Inicialmente como librería y desde 1944 como editorial. Posteriormente también abrió una editorial en Bogotá, que fue su primera presencia en Latinoamérica, y desde el año 2002 también tiene presencia propia en México.

Si embargo, esta historia sería impensable sin la constancia y el perseverante espíritu emprendedor de la casa principal durante las cinco generaciones anteriores. Hace ya más de un siglo que la editorial Herder de Friburgo comenzó a editar libros en lengua castellana, creando así un fondo que afianzó la presencia del sello Herder en todo el mundo de habla española y que permitió a Herder de Barcelona construir a lo largo del siglo XX una identidad bien integrada en la dinámica cultural española respondiendo en lo posible a las cambiantes necesidades y exigencias específicas del mundo hispano.

El fundador Bartholomäus Herder



  
  

Bartholomäus Herder (1774-1839) debió estar fascinado por los libros desde pequeño gracias a la notable biblioteca en su casa paterna en Rottweil. Después de sus estudios de bachillerato, ingresó en el prestigioso internado del monasterio benedictino de Sankt Blasien. Allí su interés por los libros comenzó a convertirse en vocación en los talleres gráficos de esta institución, famosa por su importante imprenta de textos y grabados. Al completar después sus estudios académicos cerca de Augsburgo –uno de los centros más importantes de producción y comercio editorial de aquel momento–, pudo compaginar su formación humanística con la adquisición de buenos conocimientos técnicos en el campo profesional que determinaría su destino.


Todas las empresas importantes comienzan con un propósito claro

En 1797, Bartholomäus declara a su familia que quiere ser un "librero erudito e influir en la vida con buenos textos por medio del comercio de libros". En su ciudad natal pone en marcha un primer negocio de librero e impresor y en 1798 salen los primeros libros de su imprenta.

En 1081 ofrece sus servicios al príncipe obispo Karl Theodor von Dalberg, regente de la corte episcopal de Meersburg, a orillas del lago de Constanza. Le presenta su programa de "una colección de textos que sean agradables y útiles a sacerdotes, diáconos y también a maestros, educadores y a la juventud para cumplir con sus obligaciones y adquirir buenos conocimientos" y de crear "una biblioteca espiritual o colección de los mejores escritos de la literatura teológica". El plan fue muy bien recibido.

Así, el 27 de noviembre de 1801 Dalberg confirma a Bartholomäus como librero e impresor de la corte episcopal, fecha que marca la fundación de la casa Herder como editorial de pleno derecho.

Después del traslado de Dalberg a Maguncia, Bartholomäus Herder encuentra una nueva perspectiva para su empresa en la ciudad universitaria de Friburgo. En 1808 obtiene el permiso de instalarse como "librero académico", con lo que se crea la sede definitiva de la editorial Herder en Friburgo. El contacto con la universidad significa una importante ampliación del programa, en el que se potencia la publicación de obras de pedagogía (de autores tan importantes como Pestalozzi), de historiografía secular y eclesiástica, de lexicografía y cartografía.

En 1814, Bartholomäus participa en la última etapa de las guerras de liberación contra Napoleón. El príncipe Metternich lo nombra director de la Imperial y Real Imprenta de Guerra. Con una máquina móvil de imprimir tirada por cuatro caballos y en compañía de cuatro oficiales tipógrafos e impresores llega en 1815 a París, donde asiste a la rendición de la ciudad el 7 de julio. En la capital francesa se interesa sobre todo por los procedimientos más modernos de la impresión de imágenes en litografía y por las muy avanzadas técnicas cartográficas francesas. Las estampaciones artísticas se convierten en una de las grandes especialidades de la editorial en esta época, pero también la cartografía. Los mapas regionales y un atlas de Europa (en 1831), se valoraban entre las obras cartográficas más precisas y avanzadas de la época.


Benjamin Herder (1818-1888)

A la muerte de Bartholomäus en 1839, su hijo Benjamin se encontró en medio de un panorama político tenso y revuelto. Las aspiraciones de unificación alemana bajo la hegemonía de Prusia provocaron especialmente en el sur de Alemania una politización del catolicismo, conocida como "Kulturkampf" (guerra de las culturas), tanto en el gran ducado de Baden como en muchas otras zonas de mayoría católica, desfavorecidas por un prepotente gobierno anticlerical.

Los encarcelamientos del arzobispo de Colonia en 1838 y del obispo de Friburgo en 1854 provocaron furiosas reacciones populares y dejaron profundamente herido el sentido de justicia de Benjamin Herder. Su decisión de "deshacerse del espíritu del tiempo" para recuperar la autoconciencia del catolicismo lo motivó a publicar sólidas obras de investigación teológica, de historia de la Iglesia y de estudios sobre los autores clásicos del cristianismo. Esta recuperación científica de lo más valioso de la herencia católica era todo menos rentable y se salvó del fracaso económico gracias a las muchas obras editadas en latín, ya que estas pudieron encontrar una difusión internacional. Para reforzar el comercio con el extranjero, la editorial fundó filiales en Estrasburgo (1867), en San Luis, Missouri (1873), y en Viena (1886).


El primer libro en lengua castellana

El inicio del contacto cultural y comercial con el mundo hispano comienza a reflejarse en las décadas de 1860 y 1870 en la publicación de traducciones al alemán de textos españoles. En 1862 se edita un discurso de Antonio Aparisi y Guijarro pronunciado en las Cortes bajo el título "España, la cuestión italiana y la revolución", en 1863 sale una selección de obras de Jaime Balmes, en 1875-1876 una serie de obras de Calderón de la Barca, en 1882 un texto de Luis de Granada, y algo más tarde la Atlántida de Jacinto Verdaguer (1897). El primer libro impreso en castellano, en 1887, bajo el título La vida contemplativa de la venerable madre Barat, fundadora de la sociedad del Sagrado Corazón de Jesús (de J. Mª Ortí y Lara, 1826-1904), está dedicado a Santa Magdalena Sofía Barat, que destinó esta sociedad en 1800 plenamente a la enseñanza femenina.


Hermann Herder (1864-1937)

Bajo la dirección de Hermann, único hijo de Benjamin Herder, la editorial experimentó un importante crecimiento que se plasmó en la construcción de una nueva sede en Friburgo en 1912 y en la creación de muchas nuevas representaciones de la casa, tanto en Alemania como en el extranjero. Se fundaron sedes en Berlín (1906), en Frankfurt (1908), en Basilea (1919), en Münster (1921) y en Roma (1924). Los vínculos con el mundo hispano se intensificaron de tal modo que la editorial pudo ofrecer ya en 1892 un catálogo de obras en castellano de 16 páginas. Además de obras en latín y traducciones del alemán, el programa incluía ya numerosos textos de autores españoles y sudamericanos. En la década de 1890 se publicaron obras del cardenal Vives y Tutó, del obispo A. López Peláez, de la princesa María Paz de Borbón, entre otras, y más tarde la importante Historia general de la literatura (1901) del chileno de origen alemán Guillermo Jünemann, de la que consta que estaba "recomendada por el Ministerio de Instrucción pública de España y adoptada como texto en los Institutos oficiales de Venezuela".

La relación de simpatía con el mundo hispano se intensificó cuando Hermann Herder, un apasionado viajero que ya había recorrido parte del mundo oriental, emprendió en 1896 un viaje a América, que lo llevó a Nueva York, a San Luis (Missouri) y a México donde quedó admirado de la belleza de los paisajes. Desde Veracruz tuvo ocasión de viajar en un barco de guerra español a Cuba. En 1908, la convocatoria de un congreso internacional de editores en Madrid animó a Hermann Herder a realizar un viaje por España, donde ya tenía muchos contactos comerciales. En un coche descapotable de la marca Adler entró por la frontera de Irún e hizo parada en San Sebastián. Allí le esperaba su representante español quien le hizo de guía y cicerone a través de Burgos y Segovia hasta Madrid. Después de visitas a Toledo y al Escorial, en el viaje de vuelta pasó por Zaragoza y Barcelona, sin dejar de hacer una excursión al Montserrat. Hermann Herder afirmó en una carta que "los españoles tienen tantos rasgos de simpatía que hacían sentir a uno más en casa que en Francia o Italia".

Dentro de la producción de libros en castellano se habían creado varias colecciones, como "Desde lejanas tierras", "Dogma y razón", "El lector castellano", "Las buenas novelas" y "Narradores de la juventud". También aparecieron obras de gran mérito lingüístico, como La lengua quechua, dialecto de la República del Ecuador (1896) o la Gramática araucana de José de Augusta Félix. A parte de las muy apreciadas traducciones al castellano del Nuevo Testamento, cabe mencionar títulos como la Historia de la Iglesia Católica (1905, con 86 grabados) y la Historia universal (1908) de Francisco Díaz Carmona, los primeros libros para aprender idiomas (inglés, francés latín y griego), libros de ciencias como la Historia natural de Rimbach, la Ciencia eléctrica de Villaverde, Nociones de física de Wildermann, la Química moderna de Rodríguez o la Cosmografía elemental de Donoso. Además se encuentran en el fondo en lengua castellana una serie de libros escolares de Carlos Lasalde, de la orden de los escolapios, como su Compendio de Geografía con 129 grabados y 4 mapas en color (1895), su Libro de lectura de 4 volúmenes para distintos niveles escolares (1897, 1898, 1899 y 1904), su Desarrollo del Idioma Castellano desde el siglo XV hasta nuestros días (1912) y su Manual de pedagogía (1911). La orden de los escolapios, de plena dedicación a la enseñanza y muy extendida en todo el mundo hispano, era y sigue siendo muy apreciada por su cariz moderno. La colaboración con esta orden permite intuir la amplia difusión del sello Herder en el mundo hispano desde principios del siglo XX. Buena muestra del reconocimiento de sus méritos es la condecoración de Hermann Herder con la orden de Isabel la Católica en 1903.

Durante los años anteriores y posteriores a la muerte de Hermann Herder en 1937, la editorial atravesó momentos difíciles bajo el régimen nacionalsocialista, nada favorable a la orientación de sus publicaciones. Al menos 50 obras fueron prohibidas, lo que dio a la empresa un aire de "sospechosa" y que contribuyó a ponerla en desventaja cuando comenzó a racionarse el papel con el comienzo de la guerra.

La hija de Hermann Herder, Elisabeth, nacida en 1899, contrajo matrimonio en 1925 con Theophil Dornreich-Herder (1898-1987), hijo de uno de los socios colaboradores de mayor mérito en las décadas 1920 y 1930. Los recién casados pasaron sus primeros años en Roma, donde nació en 1926 el hijo mayor, Hermann Herder-Dornreich. En 1928, tras la vuelta a Friburgo de la joven familia, las responsabilidades administrativas comenzaron a pasar poco a poco a las manos de Theophil. Después de la guerra asumió plenamente la dirección, afrontando la difícil tarea de reconstruir el edificio de la editorial, destruido por las bombas el 27 de noviembre de 1944, aniversario de su fundación. Tanto bajo su dirección como, en las últimas décadas, bajo la dirección de Hermann Herder Dornreich y desde 1996 bajo la de su segundo hijo, Manuel, la casa ha seguido publicando obras de referencia fundamental en los campos de teología y ciencias humanas y ha reforzado notablemente el programa de pedagogía. También se abrieron nuevos campos temáticos con la importante colección "Spektrum", que ofrece libros de orientación, meditación y consulta sobre una amplia gama de temas de interés para el publico general.


La fundación de la Librería y la Editorial Herder en Barcelona

En 1925, la Editorial Herder decidió fundar una librería en Barcelona, que se estableció en la calle Balmes, muy cerca del edificio de la antigua Universidad Central (donde todavía existe aunque actualmente bajo otro nombre). Pronto se convirtió en un animado centro cultural español-alemán y base del comercio con Sudamérica. Al comienzo de la guerra civil, sus empleados alemanes tuvieron que volver a Alemania por razones de seguridad, entre ellos Antonio Valtl (1913-2000), quien había ingresado en 1928 como aprendiz en la casa principal y había trabajado desde 1933 en la librería de Barcelona en régimen de prácticas. Después de que entraran miembros de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) en la tienda para registrarla e imponerle el nombre de "Librería Internacional", el negoció quedó en manos del aprendiz barcelonés José María Pascual y Oiz, quien recibió órdenes de mantenerla abierta. Curiosamente, el negocio iba mejor que nunca, tal como Pascual informó a Friburgo, ya que la gente compraba mucho por miedo a la desvalorización de la peseta. En 1939, con ocasión de la entrada de las tropas franquistas, Pascual volvió a colgar el antiguo letrero de "Librería Herder" y en aquel año, Valtl y otro empleado alemán pudieron volver a Barcelona.

Después de un tiempo de incertidumbre, la librería volvió a ser la base para el comercio con Sudamérica y fue oficialmente premiada como "única librería universitaria" de la ciudad. En circunstancias aún difíciles, Antonio Valtl promovió en 1943 la fundación de la Editorial Herder de Barcelona, que se inauguró el 10 de abril de 1944 y pudo ofrecer ya en 1945 un catálogo de 20 páginas. Después de la Segunda Guerra Mundial, una vez restablecida la comunicación con Alemania, se formalizó la fundación de Herder de Barcelona como sociedad anónima en asociación con Hermann Herder, quien se convirtió en 1961 en co-director de gerencia.

En la década de 1950 se promovió la expansión a Latinoamérica con la fundación de librerías en Buenos Aires (1951), Santiago de Chile (1952), Sao Paulo (1952) y Bogotá (1953). En compañía de Antonio Valtl, Hermann Herder realizó varios viajes a Sudamérica, que permitieron constatar la profesionalidad de muchos jóvenes libreros y representantes formados en la casa principal de Friburgo, que desde sus comienzos tiene el mérito especial de ocuparse con gran cuidado de la buena formación de sus aprendices.

Asesorada por buenos especialistas y bajo la coordinación literaria del doctor Santiago Olivés, Herder de Barcelona se convirtió en una de las editoriales más importantes en los campos de teología y religión. Además cuidó su larga tradición en pedagogía y lexicografía editando una versión adaptada de la gran Enciclopedia Universal Herder (resultado de un esfuerzo secular de la casa de Friburgo), importantes diccionarios de teología y filosofía, obras de Historia de la Iglesia y de Historia de la Pedagogía. A partir de 1960 se iniciaron modernas colecciones de filosofía, psicología, sociología y pedagogía que en buena parte se convirtieron en lectura obligatoria en la universidad. Una amplia gama de manuales de idiomas, entre las que destaca una gramática árabe y la publicación reciente de una gramática japonesa, ha dado a Herder de Barcelona una fama especial como editorial de idiomas. Este sector se reforzó con la edición de diccionarios, como el ya clásico y nunca superado Diccionario Alemán-Español de Slaby y Grossmann, los voluminosos diccionarios técnicos alemán-español de H. Mink y de R. Ernst, el diccionario árabe-español, además de diccionarios (de tamaño práctico para el viaje) español-inglés, español-francés y español-italiano, realizados bajo la supervisión del reconocido especialista Günther Haensch.

En la actualidad, Herder de Barcelona cuenta con un catálogo de más de 600 títulos disponibles en el que sobresalen prestigiosos autores ya clásicos como Denzinger en teología dogmática, Theodor Gomperz, Joseph Pieper y Hans Jonas en filosofía, Viktor Frankl en psicología, Karl Kerényi y Mircea Eliade en mitología y pensamiento transcendente. Entre los grandes maestros vivos destacan Giovanni Reale y Hans-Georg Gadamer en filosofía y Michael von Albrecht en historia de las literaturas antiguas. Otros nombres relevantes son Peukert, Müller, Hünermann y Greshake en teología dogmática, Karl-Heinz Hillmann y Peter Berger en sociología, Lluis Duch en antropología, Bert Hellinger, Paul Watzlawick o Giorgio Nardone, Kurt Ludewig y Helm Stierlin en terapia de familia, J. Coderch, J. L. Martí-Tusquets y J-L. Tizón en psiquiatría y R. Moragas en gerontología.

Herder de Barcelona sigue más que nunca en su empeño de ofrecer a sus lectores grandes obras de referencia, como el famoso Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana en 8 volúmenes de Rufino J. Cuervo, que recientemente también ha editado en versión CD-ROM; El magisterio de la Iglesia de Denzinger admirablemente actualizado y ampliado en su 28ª edición por P. Hünermann; el voluminoso Diccionario del verbo español, hispanoamericano y dialectal de J. Suances-Torres; el Tesoro de villanos: diccionario de germanías, de la doctora I. Chamorro y el Diccionario de textos filosóficos en 3 volúmenes de Franco Volpi.

Nos preceden doscientos años de lo que empezó como una aventura editorial de gran coraje que hoy se ha convertido en una extensa labor viva en España, Alemania, Italia, Colombia, Estados Unidos y muy recientemente, en México. Una aventura que sigue de un modo apasionado el deseo de su fundador de "intervenir" con entusiasmo y profesionalidad para fomentar el progreso del pensamiento humanístico en un mundo tecnificado y deshumanizado en medida creciente

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