Bartholomäus
Herder (1774-1839) debió estar fascinado por los
libros desde pequeño gracias a la notable biblioteca
en su casa paterna en Rottweil. Después de sus estudios
de bachillerato, ingresó en el prestigioso internado
del monasterio benedictino de Sankt Blasien. Allí
su interés por los libros comenzó a convertirse
en vocación en los talleres gráficos de esta
institución, famosa por su importante imprenta de
textos y grabados. Al completar después sus estudios
académicos cerca de Augsburgo –uno de los centros
más importantes de producción y comercio editorial
de aquel momento–, pudo compaginar su formación
humanística con la adquisición de buenos conocimientos
técnicos en el campo profesional que determinaría
su destino.
Todas las empresas importantes comienzan con un propósito
claro
En
1797, Bartholomäus declara a su familia que quiere
ser un "librero erudito e influir en la vida con buenos
textos por medio del comercio de libros". En su ciudad
natal pone en marcha un primer negocio de librero e impresor
y en 1798 salen los primeros libros de su imprenta.
En
1081 ofrece sus servicios al príncipe obispo Karl
Theodor von Dalberg, regente de la corte episcopal de Meersburg,
a orillas del lago de Constanza. Le presenta su programa
de "una colección de textos que sean agradables
y útiles a sacerdotes, diáconos y también
a maestros, educadores y a la juventud para cumplir con
sus obligaciones y adquirir buenos conocimientos" y
de crear "una biblioteca espiritual o colección
de los mejores escritos de la literatura teológica".
El plan fue muy bien recibido.
Así,
el 27 de noviembre de 1801 Dalberg confirma a Bartholomäus
como librero e impresor de la corte episcopal, fecha que
marca la fundación de la casa Herder como editorial
de pleno derecho.
Después
del traslado de Dalberg a Maguncia, Bartholomäus Herder
encuentra una nueva perspectiva para su empresa en la ciudad
universitaria de Friburgo. En 1808 obtiene el permiso de
instalarse como "librero académico", con
lo que se crea la sede definitiva de la editorial Herder
en Friburgo. El contacto con la universidad significa una
importante ampliación del programa, en el que se
potencia la publicación de obras de pedagogía
(de autores tan importantes como Pestalozzi), de historiografía
secular y eclesiástica, de lexicografía y
cartografía.
En
1814, Bartholomäus participa en la última etapa
de las guerras de liberación contra Napoleón.
El príncipe Metternich lo nombra director de la Imperial
y Real Imprenta de Guerra. Con una máquina móvil
de imprimir tirada por cuatro caballos y en compañía
de cuatro oficiales tipógrafos e impresores llega
en 1815 a París, donde asiste a la rendición
de la ciudad el 7 de julio. En la capital francesa se interesa
sobre todo por los procedimientos más modernos de
la impresión de imágenes en litografía
y por las muy avanzadas técnicas cartográficas
francesas. Las estampaciones artísticas se convierten
en una de las grandes especialidades de la editorial en
esta época, pero también la cartografía.
Los mapas regionales y un atlas de Europa (en 1831), se
valoraban entre las obras cartográficas más
precisas y avanzadas de la época.
Benjamin Herder (1818-1888)
A
la muerte de Bartholomäus en 1839, su hijo Benjamin
se encontró en medio de un panorama político
tenso y revuelto. Las aspiraciones de unificación
alemana bajo la hegemonía de Prusia provocaron especialmente
en el sur de Alemania una politización del catolicismo,
conocida como "Kulturkampf" (guerra de las culturas),
tanto en el gran ducado de Baden como en muchas otras zonas
de mayoría católica, desfavorecidas por un
prepotente gobierno anticlerical.
Los
encarcelamientos del arzobispo de Colonia en 1838 y del
obispo de Friburgo en 1854 provocaron furiosas reacciones
populares y dejaron profundamente herido el sentido de justicia
de Benjamin Herder. Su decisión de "deshacerse
del espíritu del tiempo" para recuperar la autoconciencia
del catolicismo lo motivó a publicar sólidas
obras de investigación teológica, de historia
de la Iglesia y de estudios sobre los autores clásicos
del cristianismo. Esta recuperación científica
de lo más valioso de la herencia católica
era todo menos rentable y se salvó del fracaso económico
gracias a las muchas obras editadas en latín, ya
que estas pudieron encontrar una difusión internacional.
Para reforzar el comercio con el extranjero, la editorial
fundó filiales en Estrasburgo (1867), en San Luis,
Missouri (1873), y en Viena (1886).
El primer libro en lengua castellana
El
inicio del contacto cultural y comercial con el mundo hispano
comienza a reflejarse en las décadas de 1860 y 1870
en la publicación de traducciones al alemán
de textos españoles. En 1862 se edita un discurso
de Antonio Aparisi y Guijarro pronunciado en las Cortes
bajo el título "España, la cuestión
italiana y la revolución", en 1863 sale una
selección de obras de Jaime Balmes, en 1875-1876
una serie de obras de Calderón de la Barca, en 1882
un texto de Luis de Granada, y algo más tarde la
Atlántida de Jacinto Verdaguer (1897). El primer
libro impreso en castellano, en 1887, bajo el título
La vida contemplativa de la venerable madre Barat, fundadora
de la sociedad del Sagrado Corazón de Jesús
(de J. Mª Ortí y Lara, 1826-1904), está
dedicado a Santa Magdalena Sofía Barat, que destinó
esta sociedad en 1800 plenamente a la enseñanza femenina.
Hermann Herder (1864-1937)
Bajo
la dirección de Hermann, único hijo de Benjamin
Herder, la editorial experimentó un importante crecimiento
que se plasmó en la construcción de una nueva
sede en Friburgo en 1912 y en la creación de muchas
nuevas representaciones de la casa, tanto en Alemania como
en el extranjero. Se fundaron sedes en Berlín (1906),
en Frankfurt (1908), en Basilea (1919), en Münster
(1921) y en Roma (1924). Los vínculos con el mundo
hispano se intensificaron de tal modo que la editorial pudo
ofrecer ya en 1892 un catálogo de obras en castellano
de 16 páginas. Además de obras en latín
y traducciones del alemán, el programa incluía
ya numerosos textos de autores españoles y sudamericanos.
En la década de 1890 se publicaron obras del cardenal
Vives y Tutó, del obispo A. López Peláez,
de la princesa María Paz de Borbón, entre
otras, y más tarde la importante Historia general
de la literatura (1901) del chileno de origen alemán
Guillermo Jünemann, de la que consta que estaba "recomendada
por el Ministerio de Instrucción pública de
España y adoptada como texto en los Institutos oficiales
de Venezuela".
La
relación de simpatía con el mundo hispano
se intensificó cuando Hermann Herder, un apasionado
viajero que ya había recorrido parte del mundo oriental,
emprendió en 1896 un viaje a América, que
lo llevó a Nueva York, a San Luis (Missouri) y a
México donde quedó admirado de la belleza
de los paisajes. Desde Veracruz tuvo ocasión de viajar
en un barco de guerra español a Cuba. En 1908, la
convocatoria de un congreso internacional de editores en
Madrid animó a Hermann Herder a realizar un viaje
por España, donde ya tenía muchos contactos
comerciales. En un coche descapotable de la marca Adler
entró por la frontera de Irún e hizo parada
en San Sebastián. Allí le esperaba su representante
español quien le hizo de guía y cicerone a
través de Burgos y Segovia hasta Madrid. Después
de visitas a Toledo y al Escorial, en el viaje de vuelta
pasó por Zaragoza y Barcelona, sin dejar de hacer
una excursión al Montserrat. Hermann Herder afirmó
en una carta que "los españoles tienen tantos
rasgos de simpatía que hacían sentir a uno
más en casa que en Francia o Italia".
Dentro
de la producción de libros en castellano se habían
creado varias colecciones, como "Desde lejanas tierras",
"Dogma y razón", "El lector castellano",
"Las buenas novelas" y "Narradores de la
juventud". También aparecieron obras de gran
mérito lingüístico, como La lengua quechua,
dialecto de la República del Ecuador (1896) o la
Gramática araucana de José de Augusta Félix.
A parte de las muy apreciadas traducciones al castellano
del Nuevo Testamento, cabe mencionar títulos como
la Historia de la Iglesia Católica (1905, con 86
grabados) y la Historia universal (1908) de Francisco Díaz
Carmona, los primeros libros para aprender idiomas (inglés,
francés latín y griego), libros de ciencias
como la Historia natural de Rimbach, la Ciencia eléctrica
de Villaverde, Nociones de física de Wildermann,
la Química moderna de Rodríguez o la Cosmografía
elemental de Donoso. Además se encuentran en el fondo
en lengua castellana una serie de libros escolares de Carlos
Lasalde, de la orden de los escolapios, como su Compendio
de Geografía con 129 grabados y 4 mapas en color
(1895), su Libro de lectura de 4 volúmenes para distintos
niveles escolares (1897, 1898, 1899 y 1904), su Desarrollo
del Idioma Castellano desde el siglo XV hasta nuestros días
(1912) y su Manual de pedagogía (1911). La orden
de los escolapios, de plena dedicación a la enseñanza
y muy extendida en todo el mundo hispano, era y sigue siendo
muy apreciada por su cariz moderno. La colaboración
con esta orden permite intuir la amplia difusión
del sello Herder en el mundo hispano desde principios del
siglo XX. Buena muestra del reconocimiento de sus méritos
es la condecoración de Hermann Herder con la orden
de Isabel la Católica en 1903.
Durante
los años anteriores y posteriores a la muerte de
Hermann Herder en 1937, la editorial atravesó momentos
difíciles bajo el régimen nacionalsocialista,
nada favorable a la orientación de sus publicaciones.
Al menos 50 obras fueron prohibidas, lo que dio a la empresa
un aire de "sospechosa" y que contribuyó
a ponerla en desventaja cuando comenzó a racionarse
el papel con el comienzo de la guerra.
La
hija de Hermann Herder, Elisabeth, nacida en 1899, contrajo
matrimonio en 1925 con Theophil Dornreich-Herder (1898-1987),
hijo de uno de los socios colaboradores de mayor mérito
en las décadas 1920 y 1930. Los recién casados
pasaron sus primeros años en Roma, donde nació
en 1926 el hijo mayor, Hermann Herder-Dornreich. En 1928,
tras la vuelta a Friburgo de la joven familia, las responsabilidades
administrativas comenzaron a pasar poco a poco a las manos
de Theophil. Después de la guerra asumió plenamente
la dirección, afrontando la difícil tarea
de reconstruir el edificio de la editorial, destruido por
las bombas el 27 de noviembre de 1944, aniversario de su
fundación. Tanto bajo su dirección como, en
las últimas décadas, bajo la dirección
de Hermann Herder Dornreich y desde 1996 bajo la de su segundo
hijo, Manuel, la casa ha seguido publicando obras de referencia
fundamental en los campos de teología y ciencias
humanas y ha reforzado notablemente el programa de pedagogía.
También se abrieron nuevos campos temáticos
con la importante colección "Spektrum",
que ofrece libros de orientación, meditación
y consulta sobre una amplia gama de temas de interés
para el publico general.
La fundación de la Librería y la Editorial
Herder en Barcelona
En
1925, la Editorial Herder decidió fundar una librería
en Barcelona, que se estableció en la calle Balmes,
muy cerca del edificio de la antigua Universidad Central
(donde todavía existe aunque actualmente bajo otro
nombre). Pronto se convirtió en un animado centro
cultural español-alemán y base del comercio
con Sudamérica. Al comienzo de la guerra civil, sus
empleados alemanes tuvieron que volver a Alemania por razones
de seguridad, entre ellos Antonio Valtl (1913-2000), quien
había ingresado en 1928 como aprendiz en la casa
principal y había trabajado desde 1933 en la librería
de Barcelona en régimen de prácticas. Después
de que entraran miembros de la FAI (Federación Anarquista
Ibérica) en la tienda para registrarla e imponerle
el nombre de "Librería Internacional",
el negoció quedó en manos del aprendiz barcelonés
José María Pascual y Oiz, quien recibió
órdenes de mantenerla abierta. Curiosamente, el negocio
iba mejor que nunca, tal como Pascual informó a Friburgo,
ya que la gente compraba mucho por miedo a la desvalorización
de la peseta. En 1939, con ocasión de la entrada
de las tropas franquistas, Pascual volvió a colgar
el antiguo letrero de "Librería Herder"
y en aquel año, Valtl y otro empleado alemán
pudieron volver a Barcelona.
Después
de un tiempo de incertidumbre, la librería volvió
a ser la base para el comercio con Sudamérica y fue
oficialmente premiada como "única librería
universitaria" de la ciudad. En circunstancias aún
difíciles, Antonio Valtl promovió en 1943
la fundación de la Editorial Herder de Barcelona,
que se inauguró el 10 de abril de 1944 y pudo ofrecer
ya en 1945 un catálogo de 20 páginas. Después
de la Segunda Guerra Mundial, una vez restablecida la comunicación
con Alemania, se formalizó la fundación de
Herder de Barcelona como sociedad anónima en asociación
con Hermann Herder, quien se convirtió en 1961 en
co-director de gerencia.
En
la década de 1950 se promovió la expansión
a Latinoamérica con la fundación de librerías
en Buenos Aires (1951), Santiago de Chile (1952), Sao Paulo
(1952) y Bogotá (1953). En compañía
de Antonio Valtl, Hermann Herder realizó varios viajes
a Sudamérica, que permitieron constatar la profesionalidad
de muchos jóvenes libreros y representantes formados
en la casa principal de Friburgo, que desde sus comienzos
tiene el mérito especial de ocuparse con gran cuidado
de la buena formación de sus aprendices.
Asesorada
por buenos especialistas y bajo la coordinación literaria
del doctor Santiago Olivés, Herder de Barcelona se
convirtió en una de las editoriales más importantes
en los campos de teología y religión. Además
cuidó su larga tradición en pedagogía
y lexicografía editando una versión adaptada
de la gran Enciclopedia Universal Herder (resultado de un
esfuerzo secular de la casa de Friburgo), importantes diccionarios
de teología y filosofía, obras de Historia
de la Iglesia y de Historia de la Pedagogía. A partir
de 1960 se iniciaron modernas colecciones de filosofía,
psicología, sociología y pedagogía
que en buena parte se convirtieron en lectura obligatoria
en la universidad. Una amplia gama de manuales de idiomas,
entre las que destaca una gramática árabe
y la publicación reciente de una gramática
japonesa, ha dado a Herder de Barcelona una fama especial
como editorial de idiomas. Este sector se reforzó
con la edición de diccionarios, como el ya clásico
y nunca superado Diccionario Alemán-Español
de Slaby y Grossmann, los voluminosos diccionarios técnicos
alemán-español de H. Mink y de R. Ernst, el
diccionario árabe-español, además de
diccionarios (de tamaño práctico para el viaje)
español-inglés, español-francés
y español-italiano, realizados bajo la supervisión
del reconocido especialista Günther Haensch.
En
la actualidad, Herder de Barcelona cuenta con un catálogo
de más de 600 títulos disponibles en el que
sobresalen prestigiosos autores ya clásicos como
Denzinger en teología dogmática, Theodor Gomperz,
Joseph Pieper y Hans Jonas en filosofía, Viktor Frankl
en psicología, Karl Kerényi y Mircea Eliade
en mitología y pensamiento transcendente. Entre los
grandes maestros vivos destacan Giovanni Reale y Hans-Georg
Gadamer en filosofía y Michael von Albrecht en historia
de las literaturas antiguas. Otros nombres relevantes son
Peukert, Müller, Hünermann y Greshake en teología
dogmática, Karl-Heinz Hillmann y Peter Berger en
sociología, Lluis Duch en antropología, Bert
Hellinger, Paul Watzlawick o Giorgio Nardone, Kurt Ludewig
y Helm Stierlin en terapia de familia, J. Coderch, J. L.
Martí-Tusquets y J-L. Tizón en psiquiatría
y R. Moragas en gerontología.
Herder
de Barcelona sigue más que nunca en su empeño
de ofrecer a sus lectores grandes obras de referencia, como
el famoso Diccionario de construcción y régimen
de la lengua castellana en 8 volúmenes de Rufino
J. Cuervo, que recientemente también ha editado en
versión CD-ROM; El magisterio de la Iglesia de Denzinger
admirablemente actualizado y ampliado en su 28ª edición
por P. Hünermann; el voluminoso Diccionario del verbo
español, hispanoamericano y dialectal de J. Suances-Torres;
el Tesoro de villanos: diccionario de germanías,
de la doctora I. Chamorro y el Diccionario de textos filosóficos
en 3 volúmenes de Franco Volpi.
Nos
preceden doscientos años de lo que empezó
como una aventura editorial de gran coraje que hoy se ha
convertido en una extensa labor viva en España, Alemania,
Italia, Colombia, Estados Unidos y muy recientemente, en
México. Una aventura que sigue de un modo apasionado
el deseo de su fundador de "intervenir" con entusiasmo
y profesionalidad para fomentar el progreso del pensamiento
humanístico en un mundo tecnificado y deshumanizado
en medida creciente |